Excluidos, inadaptados e incomprendidos. Una introducción a la música Outsider.

 

The angels love enthusiasm far more than perfection.

            Frase extraída de Songs in the Key of Z de Irwin Chusid


En todas las artes ha habido lunáticos, marginados y solitarios, personas que han vivido al margen de lo que se ha considerado normal o razonable y que siempre han hecho pensar al público si su obra era una genialidad o una afrenta contra la estética misma. En la pintura tenemos a Henry Darger, en el cine a Tommy Wiseau con su ya célebre The Room, y en la comedia a Andy Kaufman, por poner algunos ejemplos. Pero quizás sea la música el sector en el que más se da este fenómeno, un arte que en las últimas décadas se ha hecho accesible para todo el mundo, en donde casi cualquier persona puede grabar sus canciones, haciendo de la música la forma de expresión predilecta para el fenómeno Outsider.

 

Todo aquel que quiera acercarse a este género debe entender una cosa, lo Outsider genera dos reacciones en un primer momento, el asco o la risa. A mí me dio la risa, y me pase varias semanas riéndome sin parar de canciones delirantes, sacadas de mentes alienígenas, canciones que me parecían imposibles de concebir. Pero llegó un momento en el que la risa paró, y llegó la fascinación. Con el tiempo algunas de esas canciones calaron en mí, a pesar de sonar como ruidos descartados por Dios en la Creación.


Pero paremos un momento. Para entender por qué estas canciones calaron tanto en mí, también hay que entender por qué me hicieron tanta gracia. Los artistas outsiders son personas extraordinarias, en su significado más literal. Algunos tienen problemas mentales, otros como Syd Barret tienen el cerebro frito por las drogas, y otros simplemente han creado su música en situaciones muy fuera de lo común. Algunos de los referentes del género son Wesley Willis, un artista esquizofrénico que necesitaba hacer música para repeler a sus demonios internos y que hacía canciones diciendo que le iba a patear el culo a Spiderman y Batman porque le querían quitar a la novia. Eilert Pilarm, un imitador sueco de Elvis Presley que ni sabe cantar ni se parece a Elvis, por no decir que ni sabe inglés. Jandek, un artista que ha vivido hasta hace poco recluido en su casa, del que no se sabe casi nada y que hace la música más horrible, aburrida y oscura que jamás se haya hecho. Shooby Taylor, un cantante jazz al que apodan el hombre corneta porque versiona canciones usando solo la voz haciendo scat con sílabas imposibles. The Shaggs, un grupo de adolescentes que fueron obligadas por su padre a iniciar un grupo y a grabar un disco sin tener ni idea de tocar ningún instrumento. La lista es interminable.



El motivo por el que me fascinaron tantísimo fue el mismo motivo por el que me reía, me resultaban totalmente extraños, lo que significa que no me recordaban a nada que hubiera oído jamás. Uno puede entender esta fascinación al ver The Room ¿Por qué una película tan objetivamente mala, tan mal actuada, dirigida y escrita ha generado tal cantidad de fans por todo el mundo? Porque es una genialidad. Podríamos decir que The Room solo ha tenido éxito porque la gente se ríe de ella, y quizás tengáis razón, pero la gente se aprende los diálogos de memoria y sus fans se reúnen para verla juntos. Desde luego, no podemos negar que tiene valor.

 

Mi gusto por lo Outsider fue algo parecido a la idolatría que existe por The Room. Tras traspasar la barrera de lo cómico, uno encuentra un valor creativo enorme, maravillas que uno lamenta que se pudran en el fondo de un cajón. Aunque es cierto que algunos artistas outsiders han llegado al estrellato como Tiny Tim con sus falsetes y su ukelele o Syd Barret con su paso por Pink Floyd y sus discos posteriores, esta fama fue siempre transitoria (quizás la única excepción a esto sea Daniel Johnston, que durante gran parte de su vida sí recibió reconocimiento). Los outsiders están condenados a ser estrellas de nicho, solo conocidas por un grupo muy selecto de fieles fans.


Pero esto es lógico, no por nada se llaman outsiders. Sin embargo, esta música puede ser considerada sin lugar a dudas como la más vanguardista y experimental, una innovación que cientos de artistas y movimientos han intentado conseguir conscientemente sin tanto éxito, como el post punk. Como los artistas vanguardistas de los años veinte con el arte prehistórico, muchos artistas avant garde intentaron llegar a la simpleza y creatividad que los outsiders habían conseguido con la mera expresión de su personalidad.

 

¿Y por qué son tan genios estos cantantes? Según Irwin Chusid, la clave para entender la experimentación de los outsiders radica en que estos no intentan romper ninguna regla, sino que ignoran que exista alguna. La mayoría de estos artistas nunca han pensado que hagan música outsider y no tienen ningún tipo de autoconciencia. Como los niños que cogen los lápices y empiezan a pintarrajear cualquier superficie, la necesidad de estos artistas suele ser natural e impulsiva (excepto quizás las pobres Shaggs, aunque eran valga la redundancia, niñas), no piensan en si lo que están haciendo está mal o bien, si es incorrecto o de si atenta contra el buen gusto. La mayoría de ellos necesita, quiere y desea crear por crear, como un impulso infantil. La técnica y la composición quedan en segundo plano, siendo lo más importante el entusiasmo y el afán creativo. Es muy curioso el caso de Wesley Willis, pues todas sus canciones son prácticamente la misma. Conectaba su teclado, ponía una base pregrabada y empezaba a cantar cualquier cosa de manera desafinada, pero con una potencia que ponía los pelos de punta. También está el ejemplo de Daniel Johnston, que comenzó su carrera regalando sus disquettes por la calle, o Jandek, que desde la reclusión de su casa mandaba anualmente sus álbumes casi gratis a tiendas de discos.


Pasado el momento inicial de asco/risa, uno comienza a enamorarse perdidamente de estos artistas estrafalarios, quedando impactado por su originalidad radical. Sé que esta frase ha sido usada miles de veces, pero pienso usarla sin ningún tipo de ironías, la música outsider no dejará indiferente a nadie. A algunos os espantará enseguida, otros pasaréis de canción inmediatamente, a algunos les dará una risa tremenda, pero si os quedáis, si aguantáis un poco y les dais una oportunidad, tendréis una de las mejores experiencias que os puede dar la música, y es encontrar algo que nunca habíais escuchado antes y que sale del corazón.



Podéis encontrar una playlist inspirada en este artículo en Spotify.



Escrito por Juan de la Fuente.
RRSS: @AdoboSound / 

Lista de referencias

  • Irwin Chusid, Songs in the Key of Z, tanto el libro como los discos recopilatorios.
  • Alfo Media, The Beautifully Strange World of Outsider Music, en YouTube.
  • Documental Tiny Tim: Rey por un día, de Johan Von Sydow
  • Documental, The Devil and Daniel Johnston, de Jeff Feuerzeig.