Everywhere At The End of Time. The Caretaker y el horror de olvidar.

¿Por qué un álbum abstracto, pesado y difícil de escuchar que dura seis horas y media tiene más de 14 millones de visitas en YouTube? Los motivos pueden compararse a las razones que puede tener una persona para ver una película de terror de noche a oscuras en su habitación. La escucha de Everywhere at the End of Time es una de las experiencias más aterradoras que puede llegar a darte la música, te llenará de paranoia, malestar, dolor de cabeza e incluso pesadillas, uniéndose también sentimientos de la más profunda tristeza y desconsolación. En este proyecto se exploran las sensaciones y la experiencia que tiene una persona con demencia, el proceso de como poco a poco una persona con amigos, familia, recuerdos de infancia y logros en la vida va convirtiéndose en una cáscara de lo que fue alguna vez, como una persona muere antes de que le llegue la muerte.

Son varios los motivos por los que la gente escucha este disco. Primeramente, como exorcismo de su trauma, muchas personas que se consideran fieles al trabajo de The Caretaker conocen a personas que han sufrido o que sufren demencia, y la experiencia de este trabajo les da una especie de catarsis. También por el sentimiento de comunidad. Los comentarios de Youtube del disco están llenos de historias, de anécdotas, de comentarios sobre la demencia, de ánimo, de lamentos y de paranoia. Es uno de los pocos casos en los que los comentarios a la obra son tan importantes como esta. Pero el principal motivo de todos es el asomarse al horror, echar un vistazo al vacío y lo oscuro. Nadie sale igual tras escuchar los discos de The Caretaker. 

Mi primer contacto con Everywhere at the End of Time fue debido a una recomendación de YouTube, y al ver que era música relajada y ambiental, me lo puse para estudiar, ignorando totalmente su naturaleza. Pasadas dos y horas y media me encontré llorando sobre mis apuntes, totalmente desconsolado, con un terror que me cruzaba todo el cuerpo. Pero no paré de escucharlo, meses después continuos con los discos, disfrutándolos y sufriendo a partes iguales. De vez en cuando me sobrevienen terrores nocturnos, tengo paranoias cada vez que olvido algo, miro con extrema preocupación a mis familiares y amigos, pienso si alguna vez me olvidaré de todo, o de si mi padre o mi madre alguna vez se olvidarán totalmente de mi o de quienes fueron.

Everywhere at the End of Time es una compilación de seis discos hechos por The Caretaker, seudónimo del artista James Leyland Kirby, que se pasó desde el 2016 hasta 2019 publicándolos periódicamente. Un trabajo con samples de canciones antiguas, canciones de salón, viejas tonadas de los años treinta y cuarenta que ya exudan nostalgia desde el primer momento. La clave del éxito de The Caretaker es que consigue crear un universo con su propio lenguaje. En Everywhere at the End of Time, las canciones no son canciones, son recuerdos, como bien dice el primer título, It´s just a burning memory. Solo hay un grupo reducido de canciones, las que suenan al principio, que se van repitiendo durante todos los discos, pero con cada repetición se ven desde unas lentes distintas, suenan peor, suenan extrañas, cuanto más las oyes más ajenas suenan. Es como recordar episodios de la infancia, pero acordándote cada vez de menos detalles, de las caras, de que tiempo hacía, de si era un recuerdo bueno o malo.

En el primer estadio, que corresponde al primer disco, tienes un estado mental normal, son viejos recuerdos que una vez viviste, algunos tristes, otros alegres, pero nítidos. Las canciones están envueltas en una reverberación enorme, como si sonasen en un salón gigantesco. Es una experiencia placentera, incluso bonita, todo va bien. En el segundo estadio las canciones también son nítidas, pero algo va mal, hay pequeños fallos, pero las canciones siguen funcionando, intentas ignorar que haya algún problema. En el tercer estadio es evidente de que hay algo que va horriblemente mal, las canciones se mezclan, hay instrumentos que suenan a destiempo, haces esfuerzo consciente en intentar que las canciones suenen tal y como lo hacían en el primer estadio, pero es imposible, ya no se puede negar el declive. El tercer estadio es el momento de no retorno, en el que sabes que no hay salvación y que todo va a ir a mal, cuando se mira cara a cara a la nada y sabes que no vas a volver a poder oír esas canciones tal y como eran.

En el cuarto estadio ya no hay canciones. Están tan mezcladas que no se pueden entender, y aunque de vez en cuando se puede entrever un atisbo de melodía, es algo fugaz. Algo se ha roto. Te encuentras en un estadio de confusión, los recuerdos han muerto, no sabes quienes son las personas que te rodean. En el quinto estadio empiezas a no entender qué son las cosas en sí, las formas, los olores. Estás a punto de dejar de ser una persona, solo suena un tono estático. En el sexto estadio solo hay silencio, suena algo, pero parece que viene de una habitación continua. Solo hay un pequeño momento de lucidez, de melodía, unos pocos segundos antes del final del disco, de la muerte.

La escucha de Everywhere at the End of Time es una experiencia traumática, una muestra del alcance de la música, de su poder experimental, conceptual y narrativo. La obra de The Caretaker se coloca como uno de los trabajos más originales y profundos de los últimos años, una obra de arte íntegra que usa su forma para engrandecer su contenido, una suerte de milagro terrorífico que te dejará secuelas y cambiará la manera de relacionarte con tu círculo cercano.




Podéis encontrar su trabajo en Bandcamp y YouTube.





Escrito por Juan de la Fuente.