Entrevista a Los Pilotos



Habéis conseguido juntar un gran equipo para las colaboraciones. ¿Cómo llegasteis a ellos? ¿Teníais relación con esas bandas antes de iniciar el proyecto?

Ha habido de todo. Empezamos por los artistas que conocíamos personalmente como Camilo Lara, por ejemplo. Seguimos con los amigos de los amigos, si había vínculo por pequeño que fuese, el compromiso era mayor. Y cuando se agotaron esas vías recurrimos a mandar mails explicando el proyecto e invitando a participar. Para esto contamos con la ayuda de Charco, una agencia con la misma misión que tenemos nosotros en este disco, dar a conocer en España a artistas de Latinoamérica. Y ya en la fase final, también supuso un gran apoyo Juan Vázquez, de Casa Maracas. Ellos nos conseguían los contactos y gestionaban la primera parte del acercamiento.

 

¿Cómo se hace un disco con un océano de por medio?

Fue algo parecido a una relación epistolar, pero con canciones en vez de cartas. Una vez que el colaborador aceptaba formar parte del proyecto y superadas ya las presentaciones y la explicación del mismo, empezábamos a ver el tipo de intercambio que íbamos a tener. Yo siempre pedía que se involucraran a nivel compositivo, no quería un disco de “featurings”. Para que fuera una alianza las canciones tenían que tener el espíritu de ambas partes. Se dieron tres niveles de implicación, en el más alto, la otra parte hizo letra, melodía de voz y participó en los arreglos, en el segundo letra y melodía de voz, en el tercero sólo letra y en el cuarto, que se dio sólo en un caso, interpretar el tema, o sea, aportar su voz simplemente. Cuando esto estaba claro, mandaba el material correspondiente. En el caso de que la otra parte hiciera letra y melodía de voz, les enviaba una base con estructura de canción, acotando ya un poco las partes dónde debía haber voz y las que no. Dependiendo del caso, también añadía algo de texto con pequeñas indicaciones o sugerencias, y por otro lado hacía algunas preguntas sobre qué cosas evocaba la música para ellos, intentado que el espíritu inicial del tema tuviera continuidad de alguna manera. En su respuesta, normalmente, ya había una idea para la canción, según el caso más o menos elaborada. Y a partir de ahí era un diálogo hasta que llegábamos al punto en que ambas partes estábamos satisfechas con el resultado. Era emocionante recibir el mail con la respuesta de cada etapa del proceso. Y cuando por fin llegaban las pistas definitivas para incorporar a la sesión y mezclar el tema, una dulce sensación de triunfo al ver que habíamos acertado con el artista y que habíamos tenido esa conexión necesaria para que todo saliera bien.

 

Muchas de las bandas y artistas que han formado parte de Alianza Atlántica están cercanas al sonido de vuestro proyecto, pero también hay otras propuestas bastante alejadas, como la colaboración con Laikamorí. ¿Qué motivó esta salida de la tónica del disco?

La colaboración con Laikamorí fue una de las pocas que se hicieron presencialmente. Ellos estaban de gira por España y su manager, Jalo de Plastilina records, me llamo para decirme que tenían unos días libres y que podían pasarse por Granada para que compartiéramos unas horas en el estudio. Fue todo algo precipitado y no tuvimos mucho tiempo de planificar, así que nos metimos con la idea de experimentar más que nada, sin compromiso ni presiones. Lo que hicimos se quedó archivado más de un año sin que lo volviera a escuchar, sabía que era muy diferente al resto y que iba a ser difícil encajarlo, así que demoraba el momento de retomarlo. Pero cuando tuvimos el resto de canciones acabadas y pude apreciar el conjunto, me di cuenta de que tenía un carácter demasiado amable y luminoso. Hacía falta algo que hiciera de contrapunto y el tema con Laikamorí apareció para ser la solución. Tuve que darle forma definitiva a lo que teníamos, pero me encajaba perfectamente para aportar ese nubarrón en cielo despejado que necesitaba el disco.

 

¿Cuál era vuestra relación con la música latinoamericana antes de este trabajo?

Desde que visité México por primera vez en 2005 para tocar con Los Planetas, ya empecé a observar esa escena con curiosidad. Fue un descubrimiento paulatino a medida que fui conociendo otros países de Latinoamérica. En algunos casos, conocía a los grupos porque venían a vernos y nos traían sus cds. En otros, tocábamos en mega festivales como el Vive Latino, dónde tenías oportunidad de ver a decenas de bandas. Poco a poco fui incluyendo más y más música de allí en mi dieta diaria. Me encanta su libertad a la hora de mezclar estilos y su atrevimiento. También la forma en la que incorporan su folklore a los sonidos actuales. La idea de hacer un disco de canciones pop con voces invitadas ya llevaba implícito que fuera con artistas de Latinoamérica.

 

En los últimos años ha habido cierta corriente que ha aunado sonidos folclóricos y regionales con la electrónica. Baiuca, Idoipe, El Búho, Rodrigo Cuevas, Nicola Cruz, Chancha Vía Circuito… La lista de nombres es interminable a un lado y otro del Atlántico. ¿Se planteó en algún momento que este lanzamiento se acercara a esa tendencia?

Me encantan varios de los que nombras, El Búho, Nicola Cruz o Chancha vía circuito. Lo intentamos con María Usbeck y Ela Minus, que también se podrían incluir en esa lista, pero aunque hubo interés en un primer momento, luego no fructificó. Pero la idea era hacer un disco de pop dentro de los parámetros que habíamos marcado en nuestros anteriores discos y estos artistas en general estaban demasiado alejados.

 

¿Cómo creéis que están actualmente las relaciones musicales entre Latinoamérica y España? ¿Hay suficiente intercambio y colaboraciones entre los estados hispanohablantes?

La aparición de los estilos urbanos ha provocado un interés global en los artistas latinos de esos géneros y por ahí sí que está surgiendo mucho intercambio. Pero dentro de lo que nos interesa a nosotros, artistas más pequeños con propuestas menos populares, parece que empieza a surgir más interés, pero todavía no es suficiente. Ahora lo tenemos más fácil que nunca para acceder a todo lo que se hace en cualquier parte del mundo, pero mientras no se establezcan lazos duraderos entre sellos, promotores, festivales… no se dará la fluidez necesaria. De todas formas, la asignatura pendiente la tenemos nosotros, allí si que se escucha mucha música española en las radios, y en general le prestan más atención a lo nuestro que nosotros a lo suyo.

 

¿Qué películas recomendaríais para vuelos largos?

Ahí va un puñado de clásicos mexicanos:

El esqueleto de la señora Morales (1960) de Rogelio A. González.

Macario (1960) de Roberto Gavaldón.

El hombre de papel (1963) de Ismael Rodríguez.

Rapiña (1975) de Carlos Enrique Taboada.

Canoa (1976) de Felipe Cazals.

 

Por último, si pudierais organizar un concierto en mitad del Atlántico, ¿a quién invitaríais?

Antes que nada, a Poseidón y a Anfítrite, luego a Tritón quizá también, a Hipocampo desde luego. Y por supuesto a todas las Sirenas y Ninfas que quieran, a ellas les damos pase backstage.

 

¡Esperamos poder veros pronto en concierto!

Estamos ya presentando el disco, hemos tocado en Madrid y Barcelona, y seguimos. Una de las artistas que aparece en el disco, Pamela Rodríguez, está viniendo con nosotros para los conciertos, interpretando todas las canciones. Hemos conectado muy bien y ya forma parte de la tripulación permanente. Queremos empezar a hacer canciones juntos en breve. Pronto tendréis noticias.


Podéis encontrar su trabajo en Spotify, Apple Music y en YouTube.



Escrito por Daniel Alcaide.
Entrevistado Banin Fraile.