ESTRENO | Se Permiten Submarinos

La reivindicación del andalucismo de los últimos años en las disciplinas artísticas y culturales (y aún más si cabe en el campo musical) es algo innegable. Tal es el auge de este resurgimiento, que en ocasiones peca del abuso de referencias sonoras, iconográficas y costumbristas de manera forzada y como un recurso fácil con tal de subirse al carro, y con fines meramente estéticos que llamen la atención, abandonando la profundidad del mensaje y desvirtuando una honda carga simbólica.

Sin embargo, hay quien sabe adentrarse en estos terrenos desde el respeto más profundo y con la voluntad de presentar algo propio y sincero.

Los chavales de Se Permiten Submarinos no han dejado de lado el sonido que hasta ahora les caracterizaba y en el que se fusionan riffs pesados al más puro estilo Stoner con pasajes más psicodélicos o incluso lamentos acústicos bluseros propios del delta del Misisipi, pero si han reducido drásticamente su protagonismo en favor de una esencia sonora común que irremediablemente nos traslada a la Sevilla de mediados de los setenta.

Niebla abre el nuevo EP homónimo de esta banda onubense que se publica el próximo 26 de abril. El primer rasgueo y las palmas que lo acompañan a posteriori ya nos dan una idea de los cauces por las que esta balsa orgánica va a transcurrir.

Tras un efímero parón, la ruptura de la canción parte con un hábil redoble de percusión (ojo al imperante sonido de batería que ha conseguido Erre, presente en todo el trabajo y que no puede sonar más setentero, aunque quisiese) al que se suma la intervención de Manuel Ruíz “El Triana” a la trompeta. La amalgama constituida por las demás líneas de instrumentalización en conjunto con lo onírico de las voces de Erre y Joseto (tanto lírica como armónicamente) se encargan del resto.

Sigue la misma senda compositiva Los jazmines, en la que además se introduce un piano de pared acústico que progresivamente va adquiriendo más relevancia conforme la canción avanza, confiriéndole una delicada, pero a la vez imponente belleza. En esta ocasión es Joseto en solitario quien se echa a voz a sus espaldas.

La esencia del rock andaluz presente en los dos primeros temas del EP alcanza su apogeo en Copla Negra. Introducida por una suerte de saeta árida, es la primera canción del trabajo en el que el fuzz alcanza las cuotas a las que SPS nos tienen acostumbrados. Sin embargo, tanto la estructura como la letra de la misma distan mucho de géneros como el Stoner o el Heavy-Psych, acercándose más que nunca a un sonido que si bien derrocha psicodelia por los cuatro costados, lo hace evocando a grupos como Triana o Alameda.

Llega El Alba, y con él, el arranque de la sección instrumental del disco. Se le otorga aquí el papel principal al sitar de Erre, dotando al tema de una latente y volátil atmósfera oriental.

Sirve además de nexo con Baile de los Cirochos, en la que también está presente, acompañado de guitarra acústica, bajo y percusión, en una perfecta simbiosis que da como resultado una canción ideal para un “road trip”. La incorporación hacia el tramo final del tema de una flauta rociera ciñe esa travesía a paisajes pastoriles de la provincia de Huelva.

El viaje es quizás la canción que más se aleja del concepto que engloba el EP, con un sonido que en principio puede recordar a grupos de la escena “britpop” como Blur, pero que en seguida se transmuta hacia el rock más clásico de finales de los sesenta, propio de bandas tan representativas como los Rolling.

Hay que esperar a los dos últimos cortes del EP para encontrar esa esencia “acid” y “desert” que predomina en los primeros trabajos del power-trío.  En Marisma Seca y Pájaro de Humo, la banda da rienda suelta de nuevo al fuzz más salvaje, la cadencia pesada y el predomino de los graves, eso sí, sin abandonar en las armonías vocales la dinámica que persevera a lo largo de todo el trabajo.

Mención especial para la combinación ganadora de las líneas de bajo y guitarra (ejecutadas por Jesús y Joseto respectivamente) en el tema que cierra el disco, que muestra, ahora sí el alma Stoner de la banda.

SPS han conseguido, a través de un trabajo puro y minucioso, un resultado orgánico y artesanal, en el que todos los instrumentos utilizados han sido grabados de forma casera, sin la necesidad de recurrir a estudios.

Si bien esto último en su justa medida es algo por lo general necesario, es de agradecer que surjan estas pequeñas joyas casi manufacturadas en un panorama donde la producción excesiva y el “maquillaje” musical tornan todo de un gris mediocre y artificial. 

Podéis oír su trabajo próximamente en Spotify y YouTube.



Escrito por Rafa Rosado.