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Demoliendo nuestros corazones - Sala X (17/10/2019)

by - octubre 19, 2019



Desde hace años, ir de conciertos ha conllevado para mí un ritual sencillo pero que cumplo a rajatabla. Cena ligera (tal vez un trozo de pizza), una cerveza (solo una) y a la pista. En esta noche de blues, guitarreo y bolero no iba a romper la tradición, y más sabiendo lo que iba a ver. Elemento Deserto y La Big Rabia se me antojaba un combo mortal.

No iba a ciegas, ya había visto en directo a Elemento Deserto cuando vivía en Granada, y no podía perdérmelo. Siempre los he visto como una especie de supergrupo de gente con muchas tablas en la escena nazarí, pero lo cierto es que esa es precisamente una de las características principales de dicha escena, las innumerables combinaciones de miembros de unas y otras bandas en un bucle infinito de grupos a cada cual más talentoso y con sonidos más experimentales.


El incombustible Oso de Benalúa (Antonio Travé), Dani Levy, Guille Nother y Tony Molina son la última encarnación de Elemento Deserto, formación que también acompaña musicalmente a Travé en el proyecto El Oso de Benalúa y sus Sabandijas. Papaya Club, Supertrawler, Funk from Mali o Red Passenger son algunas de las bandas por las que se puede encontrar a estos músicos, que abrieron la noche ante una treintena de asistentes, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta el gusto del público sevillano por ir llegando poco a poco al concierto. Hermanos fue el tema elegido para comenzar el concierto, que lleva años acompañando a la banda, pero no ha sido editado en estudio. Blues, kraut y mucho virtuosismo guían este tema, que da paso a Le dieron tormento, perteneciente a su segundo LP, Los Montes en Llamas (2019, LEI 2), que sirve como presentación del mismo a la sociedad hispalense. Aquí, el kraut es aún más intenso, y me recuerda particularmente al primer trabajo de Queens of the Stone Age. Tras dos temas, la sala ya está al completo, con más de un centenar de curiosos que quieren ser testigos de la noche.

Rescatan de su primera referencia, el auto producido Santoral (2016), Empanadilla de cucarachas, que a pesar del título está cantada en inglés. Es curioso encontrar el reflejo del sonido del sitar en esta canción, trabajo de las guitarras del Oso y Tony Molina. Esta canción sirve de presentación de los miembros de la banda, destacando ser el primer concierto con Guille Nother en la formación. Las largas secciones instrumentales del grupo nos llevan a la recta final con Siempreviva de Mojácar, que da lugar al empalme de varios temas que apuestan por la psicodelia para dejar sitio al dúo chileno.


La Big Rabia, Puñete y Vaniv X, Sebastián Orellana e Iván Molina, podemos llamarles como queramos, porque al final se les va a recordar como artistazos. Con planta de galanes, subieron al escenario humildemente y comenzaron a hacer lo suyo: llenar la noche de boleros rockeros.

Melancolía y corazones rotos, la máxima y asunto recurrente de sus letras. La lidia del duelo tras el amor fallido está bien presente en Quiero paz, Hacia el Norte y Lo voy a soportar, los temas con los que abrieron su parte de la velada. La imponente figura de Puñete se mueve grácilmente por el escenario, sin perder de vista el micro. La banda fundada en 2011 tiene tablas, muchas de hecho, e invitan a subir al escenario a Fran Pedrosa de All La Glory, que acompaña con su bajo durante varias hermosas canciones a la pareja. Mi compromiso, Dime, Ya no quiero más, Mujer sin alma y Por Ella, que cuenta en la versión de estudio con Natalia Álvarez, cantante de cumbia chilena. Tras este tema, Pedrosa deja el escenario para que la pareja siga lanzando temas que a mí me tenían embelesado y bien enamorado.


La banda no ha hecho distinción entre sus discos, ha repasado sin ningún orden cada uno de sus cinco lanzamientos. Su EP debut La Bestia (2011, ALGO041), y los posteriores LPs Congo Zandor (2012, ALGO046), Leche & Mierda (2014, Fur001), La BIG Rabia (2016, ALGO075) y Boda Negra, editado por Happy Place Records en 2018.

La recta final del concierto se entorna más cañera, más violenta que las anteriores canciones, pero igual de sentimentales. Amor adiós, El arrepentido y Canción de amor se suceden, para culminar con Cuando el Sol cae sobre los cerros, que en directo cobra un especial tono stoner.

Era obvio que el concierto no podía terminar ahí, la gente estaba demasiado vibrante como para dejarla marchar. Y el bis lo atestiguó cuando volvieron a salir para tocar Nenita, yo realmente te amo. Eso sí, ya sin chaqueta, porque para el cierre del concierto había una bomba preparada capaz de echar abajo estaciones de tren. Y es que, efectivamente, hicieron una genial versión del clásico Demoler de Los Saicos, con la inestimable ayuda del público en los coros que finalmente bailó enfervorecida. Y tal vez eso es lo que más me faltó durante el concierto, un respetable que bailase más y dieran feedback al artista. Pero bueno, yo bailé, casi lloré y disfruté de un espectáculo mayúsculo.

Esto es blues latino, esto es bolero, también un poco de punk, obvio por el sentimiento salvaje que surge de cada canción. Pero es que nos hace falta música así, que la puedas bailar y a la vez te caliente el corazón o te haga soltar un suspiro al recordar a esa persona que ya no forma parte de tu vida.



Artículo escrito por Daniel Alcaide.
Fotografías realizadas por Pilar Gómez.


RRSS: @AdoboSound / @RentonOnTheRun / @pixeliveph



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